Historia de la Casa Lubin
EL FUNDADOR
En un París todavía marcado por los acontecimientos revolucionarios, Pierre-François Lubin creó, a finales del siglo XVIII, un taller cuya fama iba a forjar su propio talento. Lubin había aprendido a inventar perfumes que elaboraba según el carácter de cada uno de sus clientes, y que realzaban su aura personal, firmando su presencia con una estela espectacular.
Iniciado en el arte del perfume a partir de 1784 por Jean-Louis Fargeon, perfumista de la reina Marie-Antoinette, Lubin vivió hasta los inicios del Segundo Imperio, cuando la Revolución industrial ya estaba en pleno apogeo. Atravesó así uno de los periodos más convulsos de la historia de Francia. En 1792 se unió en Grasse al taller del maestro perfumista Tombarelli, que lo inició en los secretos de la perfumería florentina del Renacimiento. A él se deben después los primeros aromas que no se inspiraban en la naturaleza.
Para el joven perfumista, el lenguaje olfativo permitía dibujar mil imágenes. Más tarde inspiró a su discípulo Septimus Piesse, primer teórico de la ciencia de los perfumes. Lubin se erigió así en pionero de su arte.
AU BOUQUET DE ROSES
Tras la Revolución, Pierre-François Lubin abrió así su tienda, bautizada «Au Bouquet de Roses», cerca del Palais-Royal, en París. Los dandis de aquella época, «les Incroyables» y «les Merveilleuses», fueron los inventores de la moda parisina. Ahora que la excentricidad en el vestir estaba permitida a todos, encarnaban un nuevo arte de vivir, impregnado de fantasía e incluso de despreocupación. Tras el igualitarismo de los revolucionarios, cada cual quería afirmar de nuevo su personalidad a través de un aura perfumada singular.
PROVEEDOR OFICIAL
Fue Lubin quien dio a cada uno su firma olfativa individual. Una Merveilleuse, Joséphine de Beauharnais, que había escapado por poco de la guillotina, se convirtió en la esposa del emperador Napoleón I. Devota de las composiciones del perfumista, llevó hasta él a la hermana predilecta de su imperial esposo, Pauline, princesa Borghese.
En homenaje a la bellísima Pauline, Lubin inventó el «bouquet Borghese», con el que ella perfumaba a su paso los lugares que visitaba. Agradecida, en 1808 Pauline otorgó a Lubin el título de proveedor oficial.
AUX ARMES DE FRANCE
Charlotte de Francia, la única hija de Marie-Antoinette que sobrevivió a la Revolución, se convirtió durante la Restauración en su clienta predilecta. En 1824 le permitió rebautizar su tienda parisina como «aux Armes de France».
Este ilustre patrocinio le abrió las puertas de numerosos soberanos europeos, que le encargaron crear su estela personal, como el rey Jorge IV de Inglaterra y el zar Alejandro I. Marie-Amélie, esposa del rey Louis-Philippe, que subió al trono en 1830, le concedió en 1834 su patente oficial. Gracias a ella, se convirtió por fin en «proveedor de la reina».
LA SUCESIÓN, PARÍS Y LA COSTA AZUL
En 1844, su antiguo aprendiz Félix Prot, que había trabajado
durante 20 años a su lado, tomó el relevo. Aquel a quien Lubin consideraba «su heredero espiritual» desarrolló una red de distribución mundial, presente en todos los continentes. Deseoso de controlar la calidad de sus materias primas, construyó en Cannes, en la Costa Azul, la primera fábrica moderna dedicada a la extracción de esencias, en
1873. Por primera vez, las máquinas de vapor sustituían a los procedimientos tradicionales de destilación. Su hijo y sucesor en 1885, Paul Prot, recorrió el planeta durante 50 años para construir una red internacional. Gracias a ella, la Casa Lubin alcanzó renombre mundial.
FÁBRICA DE COURBEVOIE
Por último, en 1900, Paul Prot abrió en Courbevoie, en las afueras de París, una fábrica de perfumes y jabones ultramoderna.
Sus hijos Marcel y Pierre Prot tomaron el relevo al frente de la empresa a principios de la década de 1920.
LOS AÑOS LOCOS
LA CONQUISTA DEL OESTE
El primer cliente célebre de Lubin en Estados Unidos, a partir de 1806, Thomas Jefferson, había conocido al aprendiz Lubin antes de la Revolución, en casa de Fargeon.
Gracias al futuro 3.er presidente de Estados Unidos, la Casa Lubin conquistó el Nuevo Mundo desde principios del siglo XIX.
Comenzó a prosperar en América en los años 1830, cuando su primer representante, Theo Studley, establecido en Nueva York, asumió su responsabilidad.
Lubin gozó primero del favor de las familias de plantadores del Viejo Sur, y después del de las élites cultas de la Costa Este. Acompañando a los pioneros de la Conquista del Oeste, Theo Studley permitió a la casa parisina implantarse en todo el territorio estadounidense. Cuando Théo se retiró, en 1898, se creó una filial en Nueva York.
Los 30 años siguientes fueron una edad de oro para Lubin en Estados Unidos, hasta la Gran Depresión de 1929. Aunque la sucursal estadounidense cerró sus puertas en 1930, un nuevo representante retomó la distribución de los productos de la casa.
En los años 1930 cosecharon un gran éxito entre las damas de la alta sociedad estadounidense. Su estela hechizó más de una «party», en Nueva York, Hollywood o los Hamptons.
LA NUEVA GENERACIÓN DE LA POSGUERRA
André y Paul Prot, hijos respectivos de Marcel y Pierre, tomaron las riendas de la Casa en 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial.
El sublime Gin Fizz, creado por Henri Giboulet, el perfumista de Lubin, en 1955, en homenaje a la mujer más elegante de su siglo, Grace Kelly, fue un éxito inmenso, tanto en Europa como en Estados Unidos.
Una vez más, Lubin dejaba en la perfumería de autor su huella tan chic.
Paul y André llevaron las riendas de la Casa hasta finales de los años 1960, con un nuevo gran éxito en 1968, L’Eau Neuve. Después, vendida a un grupo alemán, Lubin conoció un eclipse pasajero y fue perdiendo terreno con los años frente a la nueva competencia de los perfumes de los grandes modistos.
CONSTRUIR EL FUTURO
Sinónimo de una elegancia personal e intemporal, los perfumes de Lubin solo se fabrican y distribuyen en cantidades muy limitadas, lo que les permite recurrir a las materias primas naturales más raras y menos disponibles. Desde principios de siglo, las creaciones de la casa se suceden, y Lubin ha recuperado poco a poco el renombre de sus días de esplendor. Siempre fiel a los ideales de su fundador, la Casa inventa para una reducida clientela selecta perfumes originales, que seguirán cautivando durante mucho tiempo a las generaciones venideras.
El apoyo de dos hijos de Paul Prot, a finales del siglo XX, permitió recuperar el control de la Casa.
A diferencia de los «artesanos de las apariencias» que son los modistos, Lubin el perfumista sigue siendo «un artista de la presencia», la que realza en todas y todos los que depositan en él su confianza.


